Cómo aplicar a convocatorias y no morir en el intento

Hace unas semanas leímos un artículo muy interesante en Esfera Pública escrito por Rachel Mason que se titulaba “El artista como concursante”. En él se hablaba de un nuevo perfil de artista que está en auge en el ecosistema cultural: el artista como concursante. Este tipo de artista encadena una convocatoria con otra y su producción acaba viéndose arrastrada por los concursos, becas y convocatorias en el que participa. En vez de investigar y desarrollar un proyecto que nace del entusiasmo de la búsqueda o de la continuidad con otros proyectos, el artista piensa en el proyecto adaptado a la convocatoria que vaya a realizar. Estos procesos acaban afectando emocional y profesionalmente a los artistas, desde las interminables gestiones burocráticas hasta las consecuencias de ser rechazado una y otra vez y nunca entrar en el circuito de convocatorias. Por no hablar de las condiciones precarias, que cuentan muchos de ellos, donde te piden casi que vendas tu alma por quinientos euros de producción, sin honorarios, ni gastos de desplazamiento, ni manutención – y encima que cedas dos obras – y se quedan tan agusto.

Aunque participar en convocatorias  es una parte importante del trabajo como artista —y sin duda puede ayudarte a establecer una trayectoria, visibilizar tu obra y acceder a recursos—, es fundamental recordar que no lo es todo. La práctica artística no se define únicamente por la cantidad de premios ganados o proyectos financiados. Si bien estas oportunidades son valiosas y aportan reconocimiento y legitimidad institucional, no deben convertirse en el único parámetro para medir tu valía como creador. Ganar una convocatoria no te convierte automáticamente en mejor artista, así como no ser seleccionado no invalida tu trabajo. Ser artista va más allá de adaptarse constantemente a las condiciones de cada convocatoria. Implica sostener una búsqueda personal, desarrollar una voz propia, y construir un cuerpo de obra que dialogue con el mundo desde un lugar auténtico, más allá de las exigencias externas.

Aplicar a convocatorias es útil, sí. Pero también lo es dedicar tiempo al estudio, al ensayo, al error, a la colaboración y al desarrollo de ideas sin la presión constante de ser evaluado. El verdadero valor de una práctica artística sólida reside en su continuidad, su integridad y su capacidad para sostenerse a lo largo del tiempo, más allá de los premios, menciones o becas obtenidas. Por eso, si bien es recomendable presentarse a convocatorias, también es importante hacerlo de forma estratégica, realista y cuidando tu bienestar emocional. Para hacerte la vida un poco más fácil, aquí te compartimos una serie de consejos para no morir en el intento al aplicar:

  • Prepara una carpeta base con tus materiales actualizados. Ahorra tiempo manteniendo un dossier con: biografía profesional, statement de artista, CV, selección de obras con fichas técnicas, textos de proyectos anteriores, enlaces a tu portafolio o redes, y una plantilla de presupuesto. Tener esto a mano te permitirá adaptar tus propuestas con más agilidad.
  • Lee las bases con atención (dos veces, al menos). Antes de empezar a escribir, asegúrate de entender bien qué se está solicitando, los objetivos de la convocatoria, el perfil esperado y los criterios de evaluación. Subraya requisitos clave.
  • Tu tiempo es valioso. No trabajes gratis.  No caigas en la trampa de pensar que tu esfuerzo “vale menos” porque es artístico. Si piensas que no te están dando suficiente remuneración, no te pagan honorarios ni los suficientes gastos de producción, no pierdas el tiempo.
  • Adapta, pero sin traicionar tu proyecto. Ajusta tu propuesta al tipo de convocatoria pero sin traicionar tu visión y la coherencia del proyecto.
  • Cuida la estética y la presentación. Es común encontrarse con proyectos que tienen un diseño impresionante, pero que, al ser excesivamente complejos o recargados, terminan dificultando la comprensión del mensaje principal. La clave está en la simplicidad y la coherencia visual: el diseño debe apoyar la claridad, no prestar atención a lo esencial de la propuesta.
  • Cuida el lenguaje y la estructura de tu texto. Usa un lenguaje directo, claro y sin exceso de jerga. Comienza explicando el “para qué” de tu proyecto y por qué es relevante. Evita párrafos largos y asegúrate de responder explícitamente a cada parte que se solicita.
  • Organiza tu calendario de convocatorias. Crea una tabla con fechas de cierre, requisitos y estados de cada postulación. Esto te evitará correr a última hora o duplicar esfuerzos.
  • Pide ayuda si la necesitas. Busca apoyo en otros artistas, colegas con experiencia o profesionales que puedan acompañarte en el proceso. Aunque el sistema parece empujarnos al individualismo, recordar que somos una comunidad y que juntos somos más fuertes es un acto de resistencia.
  • Cuida tu energía creativa como un recurso valioso. Aplicar a una convocatoria no debería quitarte la energía que necesitas para crear. Establece límites: bloquea tiempo para dedicarle, pero también para descansar.
  • No te desanimes, y no pierdas la fe. Es normal que te rechacen muchas veces. Cada postulación es también un ejercicio de claridad y de autoconocimiento. Aprovecha cada intento para afinar tu discurso, revisar tu enfoque y fortalecer tu práctica. Y sobre todo sé consciente de que el valor de tu obra no se mide por un sí o un no.